LUCIDEZ

Sencillez de tumba, blanca, piedra santa;
santificada por tu mano nocturna, tibia;
como un amanecer constante y rojo;
sangre que entibia mis amaneceres, fluye;
un río vivo y carmesí, latiendo en el abismo;
mis sentidos, como un corazón enorme, me dictan la vida.

Ahí en tus dulces ríos, donde sacio mi sed roja,
navegan peces en forma de corazón,
dulces flores de algodón, cantando salmos de Odin;
fuerza primaria que me empuja al amor divino,
en tu tierra me postro por la bendición eterna,
mi frente humilde se nutre de tus besos.

Nacen día a día las palabras, el lenguaje;
un diccionario de nombres mágicos,
con páginas repletas de ti, de tus gestos y tu sabor;
entre ellas, secas flores, recuerdos y estampillas victorianas.
Nada más hermoso que pensar que hemos vivido milenios.
Maravilloso danzar desde nuestros sueños a esta realidad.

Si; tu sencillez de tumba blanca, mis sueños, tus realidades;
son la historia que siempre vivimos, el camino de las verdades;
el clan de los sobrevivientes entra por nuestras puertas.
A ventilar las habitaciones, a soñar que estamos despiertos;
a barrer, coser y cantar salmos de rojo amor en versos de sangre.
Que tu silencio de cada amanecer es el canto que me despierta.

Y feliz divago en el sueño que sigue cuando me hundo en tus ojos;
por ellos ingreso a nuestro mundo, camino sobre los cadáveres,
blancas piedras que pavimentan el pasado difuso, brumoso.
Eres un ángel que con sus alas atmosféricas trajo el oxígeno;
eres un vestigio del mundo amable y delirante que huele a ajenjo;
eres mi vida apoteósica y sensual, palabras de fuego y sudor, mi amor.

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